Casi siempre de madrugada, la noche del miércoles al jueves Santo, mi tía Isabel aparecía con toda la familia de improviso, para darnos una sorpresa y compartir con nosotros las fiestas de Semana Santa. Desembarcaban en Barcelona con mucho sueño, demasiada ropa y poco tiempo para compartir.
En cuanto mi abuela se enteraba de que habían llegado empezaba a preparar platos típicos (arroz con leche, bacalao en chanfaina, garbanzos con espinacas, potaje de acelgas...) y todo el engranaje se ponía en marcha para organizar camas, desayunos intempestivos, turnos para duchas y demás situaciones comprometidas para una casa habitada temporalmente por nueve personas y un solo baño.
Como casi nunca llegaban para pasar con nosotros el Domingo de Ramos, el día más emocionante era la noche del jueves al viernes, cuando daban la película más legendaria de la Semana Santa, muchas veces repartida en dos días (jueves y viernes) y que nosotros disfrutábamos encantados mientras mascujábamos bolsas de pipas. Ya he dicho en otras ocasiones que mi preferida (todavía hoy) es Ben-Hur, pero también me encantaba "La historia más larga jamás contada" o"Rey de Reyes", "La túnica sagrada" o "Quo Vadis". Mi padre siempre decía que no comprendía cómo nos podía gustar una película que ya sabíamos cómo acababa pero no nos cansábamos de ver aquellas pequeñas obras de arte en la pequeña pantalla, todos en familia, disfrutando de unos días de vacaciones (aunque en aquellos años todo en Semana Santa era mucho más tenebroso) siguiendo tradiciones que no nos cuestionábamos.
Hoy en día mucha gente ha olvidado por qué se celebran la mayoría de las fiestas (preguntad por qué se come carne el "jueves lardero", os vais a sorprender, o por qué se llama Carnaval a la fiesta previa a la cuaresma) y en parte me alegro de que se hayan perdido los miedos y los prejuicios que les acompañaban. Pero como digo siempre, echo de menos el tiempo, no lo que significaba, cuando mi tía Isabel aparecía por la puerta con aquel olor suyo tan característico y yo sabía que de pronto entraban las vacaciones de Semana Santa por la puerta.
Fuente de la imagen 1: http://nicholas-whatthe.blogspot.com.es/
Fuente de la imagen 2: http://adivinaquiencocinaestanoche.blogspot.com.es/
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domingo, 13 de abril de 2014
domingo, 24 de marzo de 2013
EL DÍA DE LA PALMA
Si aún tuviera siete años, hoy sería uno de los días más importantes de año. Por tradición, el domingo de Ramos era el día en que en mi casa se estrenaba la ropa de primavera y aunque fuera con una obligada rebeca (en la mayoría de las ocasiones la temperatura no daba para muchas más alegrías) era el momento de ponerse de manga corta por primera vez en toda la temporada. Por fin, aquellas mangas largas en las camisetas que nos habían acompañado durante todo el larguísimo invierno iban a desaparecer para liberar los bracitos que se descubrían felices y blancuzcos después de meses de permanecer escondidos.
El día de la palma era un poco el que determinaba las tendencias en cuanto a colores y estilos de aquella temporada primavera-invierno, aunque con frecuencia aquello era lo que imponían los grandes almacenes y después la gente hacía lo que le daba la gana. Me acuerdo especialmente de un año en que marcó la tendencia el color turquesa y los bolsos y zapatos plateados, y allí me plantaron una camisa con motivos en azul turquesa (mi madre dice que es verde turquesa, yo siempre lo veo azul) y un espeluznante bolso plateado con un acabado acolchado que todavía me produce pesadillas cuando lo recuerdo.
Lo que sí tocaba todos los años eran los calcetines calados, que parecían diseñados por un auténtico sádico. Además de ser horrorosos, la goma elástica apretaba para evitar que se deslizara pantorrilla abajo, y a ello se añadía un problema personal: como ya he comentado en otra entrada, mis pies planos me obligaban a llevar zapatos desafortunados por lo que respecta a la estética, que en numerosas ocasiones, además, me iban algo pequeños. Tengo que reconocer que siempre he sido de pie generoso y encontrar zapatos de mi número no era sencillo. Así que el caladito se me iba clavando en el pobre pie aprisionado hasta casi convertirse en un tormento de Jueves Santo más que de Domingo de Ramos.
Para compensar, algo que me encantaba de este día era el rosario de azúcar que colocábamos en la palma para bendecir, y que acababa siempre en el suelo cuando el cura daba la orden para que la achucháramos contra el suelo. Nunca entendí ni qué decía el cura en aquel momento ni me importó demasiado, pero sí recuerdo que pasaba un mal rato esperando ese momento en que sabía de antemano que todas las chucherías que llevaba colgada mi palma irían a parar al suelo y ya no querría comérmelas.
Después de una mañana cargada de emociones como esta, nos esperaba una semana cargada de películas de romanos, sentados todos frente a la televisión comiendo pipas, viendo las mismas películas con los mismos desenlaces ya conocidos, pero que nos mantenían enganchados al sofá en unos días, durante mi niñez, en que bien pocas cosas se podían hacer además de ver procesiones o visitar iglesias. Mi preferida sigue siendo "Ben Hur" porque no es una película al uso de la vida de Jesucristo, sino una especie de cuento donde hay malos muy malos y buenos que consiguen vengarse. Y ni que decir tiene que cuando descubrí "Godspell" en una mañana de teatro con el colegio me quedé prendada de su espíritu revolucionario. Nada volvió a ser lo mismo después de "Godspell" y "Jesucristo Superstar"... Afortunadamente.
Fuente de imagen 1: http://4.bp.blogspot.com
Fuente de imagen 2: http://llaminart.com
El día de la palma era un poco el que determinaba las tendencias en cuanto a colores y estilos de aquella temporada primavera-invierno, aunque con frecuencia aquello era lo que imponían los grandes almacenes y después la gente hacía lo que le daba la gana. Me acuerdo especialmente de un año en que marcó la tendencia el color turquesa y los bolsos y zapatos plateados, y allí me plantaron una camisa con motivos en azul turquesa (mi madre dice que es verde turquesa, yo siempre lo veo azul) y un espeluznante bolso plateado con un acabado acolchado que todavía me produce pesadillas cuando lo recuerdo.
Lo que sí tocaba todos los años eran los calcetines calados, que parecían diseñados por un auténtico sádico. Además de ser horrorosos, la goma elástica apretaba para evitar que se deslizara pantorrilla abajo, y a ello se añadía un problema personal: como ya he comentado en otra entrada, mis pies planos me obligaban a llevar zapatos desafortunados por lo que respecta a la estética, que en numerosas ocasiones, además, me iban algo pequeños. Tengo que reconocer que siempre he sido de pie generoso y encontrar zapatos de mi número no era sencillo. Así que el caladito se me iba clavando en el pobre pie aprisionado hasta casi convertirse en un tormento de Jueves Santo más que de Domingo de Ramos.
Para compensar, algo que me encantaba de este día era el rosario de azúcar que colocábamos en la palma para bendecir, y que acababa siempre en el suelo cuando el cura daba la orden para que la achucháramos contra el suelo. Nunca entendí ni qué decía el cura en aquel momento ni me importó demasiado, pero sí recuerdo que pasaba un mal rato esperando ese momento en que sabía de antemano que todas las chucherías que llevaba colgada mi palma irían a parar al suelo y ya no querría comérmelas.
Después de una mañana cargada de emociones como esta, nos esperaba una semana cargada de películas de romanos, sentados todos frente a la televisión comiendo pipas, viendo las mismas películas con los mismos desenlaces ya conocidos, pero que nos mantenían enganchados al sofá en unos días, durante mi niñez, en que bien pocas cosas se podían hacer además de ver procesiones o visitar iglesias. Mi preferida sigue siendo "Ben Hur" porque no es una película al uso de la vida de Jesucristo, sino una especie de cuento donde hay malos muy malos y buenos que consiguen vengarse. Y ni que decir tiene que cuando descubrí "Godspell" en una mañana de teatro con el colegio me quedé prendada de su espíritu revolucionario. Nada volvió a ser lo mismo después de "Godspell" y "Jesucristo Superstar"... Afortunadamente.
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